martes, 25 de febrero de 2014

Isocarro.


Mi abuelo comerciaba con frutas y verduras. Subía a la Alpujarra a comprar mercancía que luego vendía en el Campo de Dalías (antes de convertirse en el municipio de El Ejido).
En las pelis esto daría para unas escenas maravillosas.
Sin embargo, yo lo recuerdo con fatiguitas, porque subir a la Alpujarra en el isocarro de mi abuelo era una tortura: esas carreteras contorsionadas y esos barrancos gigantescos hacían mella en mi estomaguito.
Ir a Berja era una aventura. Ir a Lanjarón a por agua ferruginosa, una odisea.

No hay comentarios:

Publicar un comentario